Echamos el caramelo en el molde que vayamos a utilizar. Yo suelo elegir uno de silicona. Metemos el molde al congelador unos minutos mientras preparamos el flan. Así, el caramelo quedará en el fondo y no se mezclará con el flan al echarlo muy caliente sobre el mismo.


Ponemos en el vaso de la batidora todas las rodajas de piña y trituramos muy bien. De esta forma evitaremos que salgan "hilitos o hebras" de la piña en el flan.


Añadimos la leche condensada y seguimos triturando todo junto (yo suelo dejar en el bote como dedo y medio de leche para que no salga tan dulzón pero si alguien muy goloso lo prefiere, puede utilizar toda la leche condensada).
Utilizamos el bote de la leche como medida (si nos sobró leche la pasaremos a otro recipiente para conservarla): echamos el jugo del bote de la piña que nos quedó al sacar las rodajas para triturarlas y rellenamos hasta el borde con agua. Pasamos este líquido a un cazo grande y ponemos al fuego. Cuando hierva, añadimos el sobre de gelatina y removemos muy bien para que disuelva sin quedar grumitos.


A continuación, vaciamos la mezcla que tenemos reservada en el vaso de la batidora (recuerdo que era la pulpa de la piña con la leche) y en el mismo cazo, mezclamos todo muy bien con ayuda de la batidora.


Cuando la mezcla está perfectamente homogeneizada, vertemos en el molde que teníamos preparado con el caramelo y dejamos enfriar.


Una vez frio, meteremos al frigorífico al menos 5 o 6 h antes de consumirlo.

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